martes, 10 de enero de 2012

A donde todos queríamos llegar.

Todo era fácil eramos pequeños, todo es fácil hasta que empiezas a madurar.
Cuando aun somos pequeños nuestra mayor preocupación es ir al cole y pasarlo bien y solo "discutimos", si se puede llamar así, con papa y mama para que nos dejen jugar un poco más en la calle antes de comer.
La vida no es más sencilla pero nos lo parece por ser aun tan inconscientes. Unos crecemos antes y otros lo hacen después, nos vemos obligados y no lo hacemos por gusto claro está.
Luego crecemos, solo un poco, y empezamos a vernos en el futuro, todos con nuestra profesión. Hay de todo, desde médicos, astronautas, bomberos... Sólo unos poquitos privilegiados llegan a lo que se plantean siendo aun pequeños, otros se conformarán con lo mejor de sí mismos puedan sacar, o con lo que creen que es lo mejor que pueden hacer, no seas conformista. Una minoría se pierden a sí mismos. En mi caso me han mantenido en el camino, no he sido perfecto, no llegaré a ser profesor de lengua castellana y literatura, ¿o sí? Quien sabe.

A todos aquellos perdidos: buscaos, no sera una búsqueda en vano. Hay tiempo de todo, no dejes que pase el tiempo y te pierdas en tu propia miseria.

En mi caso, lo seguro de todo ésto es que seré quien quiera ser y siempre habrá algo más por hacer. Mi historia no la acabaré hasta dentro de mucho y no seré el único firmante al pie de la última página y sé que eso es lo más bonito de todo, mi historia no será solo mía.

También será Tuya. Nos quedan muchas páginas en blanco por coescribir hasta finalizar nuestra historia.


Puedes empezar Tú.

Enmanuel GR.

1 comentario:

  1. Me alegra que me otorgues el privilegio de empezar.
    De empezar nuestras historia.
    Hace algún tiempo, no importa cuanto exactamente, con mucho o ningún dinero en el bolsillo, una mujer, rubia y de ojos claros, guapa; guapísima iba a toda prisa, casi le faltaba la respiración, nerviosa y con ciertos dolores cruzaba aquellas puertas de cristal, un cristal casi invisible mientras todo el mundo se movilizaba a su alrededor.
    El hombre que la acompañaba se veía alto, fuerte, guapo.
    Pero a la vez intranquilo, nervioso, iba a ser un bonito día.
    Mientras, el hijo que ambos tenían, esperaba en casa de la abuela.
    Era moreno. Su tez era blanca y sus ojos azules cual cielo azul.
    Nervioso si cabe, se comía las uñas casi insconcientemente.

    La abuela no paraba de recibir llamadas, todo el mundo preguntaba que tal.
    La sonrisa era inmensa, las miradas sinceras.
    Cogerían el coche en breve, para atravesar todos juntos unas puertas transparentes, no las mismas, pero sí parecidas.

    La espera era intensa.
    Aquel señor no se separó de la mujer, joven, con ojos claros en todo el rato.

    La canción de fondo sólo suena en las películas.
    Unos lloraban, otros reían y mientras tanto los demás se abrazaban entre sí.

    Se oyó un llanto.
    Rubén, dijo la mujer rubia.

    Ahí, se escribió un nuevo destino.
    Un destino incalculable, infinito.
    Y estoy seguro, que los labios de ese pequeño bebé, pronunciaron levemente, casi inconscientemente, Enmanuel.

    Ahí está mi destino. Ahí estás tú.
    Para socorrerme cuando lo necesite.
    Para ayudarme sin pedirtelo.
    Para sonreir cuando sólo lloro.
    Para dirigir mi llanto hacia la felicidad.
    Para, con una simple mirada, transmitirme mediante los cinco sentidos más que lo que cualquier persona se pueda imaginar.
    Ahí estás tú.
    Para acompañarme el resto de mis dias.

    Te Quiero Enmanuel.

    Rubén

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